El menisco, lesión de rodilla

mayo 20, 2011
Maria Naharro

Antes de nada presentarme. Mi nombre es María y soy Licenciada en Medicina y Cirugía en la Universidad de Santiago de Compostela, y actualmente trabajo como residente de primer año de la especialidad de Cirugía Ortopédica y traumatología en el Complejo Hospitalario de Pontevedra. Espero aportar mis conocimientos médicos así como la experiencia en el trabajo sobre todo en el campo de las lesiones deportivas al blog de Buenaforma. Si queréis saber más sobre mi o sobre mis compañeros podéis entrar aquí.

Este es mi primer artículo y con ello quiero que quede claro lo que es el menisco, sus funciones y sobre todo desde un aspecto clínico como se identifica y se trata esta lesión desde el campo médico.

¿Quién no ha escuchado hablar alguna vez de una lesión del menisco de la rodilla? Esta articulación, al soportar la carga de nuestro cuerpo y participar en la marcha, es lugar frecuente de patologías de todo tipo: tendinosas, óseas, musculares… Pero sin duda, por su frecuente repercusión deportiva, los problemas meniscales son unos de los más importantes clínicamente.

Los meniscos son algo semejante a dos almohadillas de un material fibroso de consistencia similar al pabellón de las orejas. Los encontramos entre el cartílago del hueso del fémur y el de la tibia. Se denominan externo, el que más se separa de la línea media corporal, e interno, el que se aproxima a ella.

No son meramente decorativos: están ahí para amortiguar los microtraumatismos que se producen al caminar y también para que la articulación formada por el fémur y la tibia sea lo más congruente posible, para que la movilidad sea normal. Esto se traduce en que, cualquier lesión que los afecte repercutirá en la flexión y extensión de la pierna.
Los mecanismos por los que se pueden lesionar son variados: uno típico y conocido por todos, es el giro del cuerpo con la pierna fija, frecuente en futbolistas. También puede producirse al levantarse desde cuclillas.

Son síntomas típicos de una rotura de menisco aguda, un chasquido seguido de un dolor fuerte mas o menos selectivo en la interlínea articular (espacio entre tibia y fémur). Posteriormente, y no siempre, podremos detectar un aumento del liquido articular, denominado derrame. Pero sin duda el signo más revelador de una lesión meniscal es el bloqueo de la rodilla, entendiendo el bloqueo como la incapacidad para estirar completamente la pierna. Esto nos revela que el fragmento roto del menisco imposibilita el movimiento normal de la articulación. Moviendo la rodilla, habitualmente, desaparece el bloqueo, acompañado de un chasquido.

Ya en la consulta del médico y ante la sospecha de una lesión meniscal, se realizan los siguientes pasos:

  • Historia clínica completa reflejando el episodio probable causante de la lesión (no siempre se manifiesta inmediatamente al episodio, sino que puede causar leves síntomas durante mucho tiempo, que el paciente no cree suficientes para consultar.)
  • Exploración física: se comienza con una inspección visual de ambas articulaciones para comparar volumen (por si existiese derrame), alineación, hematomas… Seguidamente se aplican unas maniobras exploratorias para descubrir si realmente el dolor de la rodilla es debido al menisco o a otra estructura de la articulación, como por ejemplo la maniobra de McMurray, que consiste resumidamente en doblar la rodilla y rotar la pierna hacia fuera y hacia dentro haciendo presión, con la mano en la articulación para detectar algún clic que delate la alteración. Existen varias maniobras de exploración meniscal diferentes, pero en común tienen que se llega a identificar, o por lo menos, a sospechar con seguridad cual es el lugar exacto de la rotura y a descartar otras lesiones frecuentes: ligamentos cruzados, laterales, tendinitis…
  • Pruebas de imagen: cuando la clínica y la exploración son altamente sugestivas, puede no ser necesario recurrir a este apartado, pero si existen dudas o se preveé una futura cirugía, la prueba a realizar es la resonancia magnética (RMN). Las radiografías no demuestran lesiones de meniscos ni, en general, de partes blandas, pero si son lo más útil en las fracturas de huesos.
  • En el extraño caso de que no se demostrase lesión en la resonancia y la clínica fuese lo suficientemente clara, podría solicitarse una artroscopia de rodilla exploratoria, con la única ventaja que si se demuestra rotura se puede, en el mismo acto quirúrgico, resecar el menisco lesionado.

 

El tratamiento, en principio, consta de cuatro medidas básicas:

  • Colocación de una bolsa de frío en la rodilla. Se utiliza las primeras 72 horas. Hay que tener la precaución de no colocarla sobre la piel para evitar las quemaduras que produce la congelación. Se debe aplicar cada hora durante 20 minutos, sin sobrepasar las 3 horas en total por día.
  • Reposo de 24 a 48 horas, como mínimo.
  • Colocación de un vendaje que permita la movilidad, sin ser compresivo.
  • Elevación de la extremidad durante varios días. Es muy importante esta medida para evitar la inflamación de la pierna. El paciente al sentarse, debe colocar la pierna algo más alta que la cadera, y al estar acostado, es suficiente con un cojín debajo del pie.

Algunas lesiones de menisco se pueden tratar mediante un programa de ejercicios que potencie la musculatura, evitando así el sobreesfuerzo del menisco dañado, podéis ver algunos ejemplos en el siguiente vídeo que Héctor nos ha facilitado, y resalta que es un mero ejemplo, siempre se tendrá que individualizar los ejercicios.

Si con estas medidas no es suficiente y persiste el dolor o el paciente sufre numerosos bloqueos con las actividades diarias, puede valorarse la necesidad de una artroscopia. Esta técnica consiste en hacer un par de incisiones en los laterales de la articulación por los que se introduce una cámara por uno de los orificios y por otra el instrumental necesario para resecar o suturar el menisco roto. Se opta por la extirpación del fragmento roto cuando la lesión es central, puesto que su irrigación vascular es precaria y la sutura del mismo no lo haría cicatrizar. Si, por el contrario, es periférica, se opta por la sutura, puesto que los vasos están próximos y se conseguiría la unión del desgarro. Tras la intervención se recomienda comenzar a apoyar sin ningún reparo, pero sin realizar sobreesfuerzos. Al mes se puede comenzar paulatinamente con el deporte o el trabajo. La posible complicación de la cirugía, además de las de cualquier intervención como es la infección, el dolor o la hemorragia, es la artrosis de rodilla, en el caso de que se tenga que extirpar algún fragmento meniscal. Lógico, pues el menisco protege de la excesiva fricción entre fémur y tibia, y esta situación desgasta mas las superficies articulares, provocando la artrosis, mayor cuanto más menisco se reseque y cuanta más actividad física realice el paciente.

Fotografías utilizadas:

Imagen 1: todosobresaludyenfermedades

Imagen 2: http://www.runscore.net/

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Maria Naharro

Licenciada en Medicina y Cirugía en la Universidad de Santiago de Compostela, y trabajo como residente de primer año de la especialidad Cirugía Ortopédica y Traumatología, en el CHOP (Complejo Hospitalario de Pontevedra).

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