Sarcopenia o pérdida de masa muscular en personas mayores (I)

marzo 19, 2013
Héctor Tarrío

Antes de nada, debemos distinguir dos términos que se usan indistintamente, pero tienen significados diferentes: El concepto de sarcopenia implica la pérdida de masa muscular que ocurre durante el envejecimiento. (En griego: “pobreza del músculo), esta pérdida es universal, ocurriendo incluso en personas que tienen unos niveles altos de actividad física. En cambio la dinapenia, es un término que se acuñó más tarde, entendiéndose antes como un factor dentro de la sarcopenia. Esta se puede definir como “La pérdida relacionada con la edad de fuerza y potencia muscular”, claramente este factor está íntimamente relacionada con la pérdida de masa muscular o sarcopenia.

En este primer artículo sobre el tema vamos a introducirnos al tema, explicando lo que dicen los autores sobre esta degeneración de nuestra masa muscular y fuerza muscular.

Las alteraciones del sistema osteomuscular originadas por la involución o envejecimiento, son un factor de primerísima importancia en los problemas que padecen las personas mayores, siendo el músculo y el hueso son los que más importancia poseen a la hora de producir la discapacidad.

La sarcopenia o atrofia de la masa muscular es una condición multifactorial que al reducir la capacidad para generar fuerza, disminuye la habilidad para llevar a cabo las actividades corrientes de la vida, como por ejemplo coger un objeto a una altura, o incluso levantarse sin ayuda de una silla.

La fuerza máxima se va reduciendo de forma constante con el envejecimiento, como he comentado, el ponerse de pie estando sentado, comienza a hacerse difícil a los 50 años, y a los 80 años es toda una odisea. Los ancianos solo son capaces a realizar actividades que exijan intensidades moderadas de fuerza muscular. Poniendo un ejemplo:

“Abrir el tapón de una jarra que tiene una determinada resistencia es una tarea que pude realizar el 92% de los hombres y mujeres de entre 40 y 60 años, en cambio después de los 60 años solo el 68% serán capaces y si seguimos aumentando el rango de edad cuando estos tienen entre 71 y 80 años solo el 31% será capaz a abrir la jarra”

La sarcopenia influye de forma importante en la morbilidad, disminuyendo la calidad de vida y aumentando los costes de la salud de las personas mayores, siendo los efectos más significativos de la sarcopenia según Karakelides et al., 2005. Los siguientes:

  • Disminución del metabolismo basal, como consecuencia de la pérdida de masa muscular, y la menor actividad física.
  • Incremento de la masa grasa
  • Aumento de la resistencia a la insulina.
  • Dislipidemia
  • Diabetes tipo II
  • Hipertensión

Del mismo modo una prevención adecuada, basada en dieta, ejercicio y fármacos puede disminuir la pérdida de masa muscular, especialmente el ejercicio físico que nos ayudará a ganar masa muscular. Según Borst, 2004 “El ejercicio físico es el mejor procedimiento para combatir la sarcopenia”.

En este grupo de personas el ejercicio físico aumenta la masa muscular, la fuerza, la potencia y sobre todo la calidad del músculo, consiguiendo elevar el gasto energético y metabolismo basal. (Hunter et al., 2004) Del mismo modo estos beneficios se observan a simple vista en la mejora de la composición corporal, consiguiendo aumentar la autoestima de las personas mayores.

El proceso de envejecimiento estará asociado no solo con el descenso de la fuerza máxima, sino también con la reducción en la capacidad del sistema neuromuscular para producir la fuerza explosiva, la cual es incluso más drástica que la observada en la producción de fuerza máxima para el mismo grupo muscular (Young y Skelton 1994)

Está demostrado que la masa muscular disminuye un 5% por década a partir de los 40 años, paralelamente esto implica una disminución de la fuerza muscular. La disminución de la actividad física está íntimamente relacionada con la pérdida de masa muscular y de la fuerza.

La sarcopenia afecta a un 100% de los ancianos, pero debemos matizar la afirmación ya que para que esta pérdida de masa sea lo suficientemente intensa para producir síntomas la prevalencia será menor. La mayoría de los estudios de prevalencia ponen el límite de la pérdida muscular para definir sarcopenia, en 2 desviaciones estándar por debajo del valor normal de masa muscular de una población más joven.

Baumgartner y cols. Encontraron, analizando 833 ancianos seleccionados al azar, un 13% de sarcopénicos a la edad de 65 años, un 24% a los 70 y hasta un 50% en los mayores de 80 años. En este estudio se demostró como la presencia de sarcopenia se asociaba con un incremento de 3 ó 4 veces del riesgo de discapacidad independientemente de la edad, sexo, obesidad, raza, estatus socioeconómico y comorbilidad

Los hombres sedentarios (ancianos) pueden mostrar una gran pérdida de masa muscular y un aumento de la grasa subcutánea, si comparamos la masa magra de diferentes personas podemos observar como su masa magra es diferente según la actividad que realizan, siendo el sedentario el peor parado y el que realiza entrenamientos de fuerza el que más desarrollo muscular tenía en comparación con una persona que realiza natación.

Unos primeros datos indican que entre el 13-24% de los adultos de 65-70 años y más del 50% mayores de 80 años sufren sarcopenia.

La debilidad muscular ejerce una influencia directa en la incidencia de la fractura de cadera por el aumento del riesgo de caídas y el consiguiente aumento del riesgo de fractura

En un estudio realizado en ancianos ingresados en residencias, se comprobó como aquellos que habían presentado caídas tenían significativamente menos fuerza en la musculatura dorso-flexora de caderas y rodillas en comparación con los que no habían caído. Del mismo modo la sarcopenia puede contribuir al incremento del riesgo de enfermedades crónicas tales como osteoporosis y diabetes. Existe evidencia en la literatura que indica una posible relación entre la masa muscular y la densidad ósea. Estudios transversales realizados en atletas y personas sedentarias demuestran un retraso o enlentecimiento en la pérdida ósea en las personas más activas. 

La tarea más habitual que se puede medir para saber si una persona es dependiente es el caminar. Existe una relación directa entre la fuerza muscular de las pantorrillas y la capacidad y velocidad de marcha, al calcular el tiempo que se tarda en caminar 1km según la edad que tienes, se observa como el percentil se dobla en tiempo a partir de los 50 años en hombres, en cambio el cambio más drástico se da al llegar a los 75-85 años. 

Hablando un poco sobre la pérdida de fuerza, la potencia muscular tiende a alcanzar su pico máximo entre la 2ª y 3ª década de la vida permaneciendo en el mismo nivel hasta los 45-50 años en los varones. Entonces empieza a ocurrir una pérdida gradual a un ritmo de aproximadamente de un 12-15% por década hasta la octava década. Los pocos estudios longitudinales que existen sobre este tema muestran todavía una mayor pérdida de potencia muscular con la edad. La potencia muscular cae entre un 9-27% después de 5 años, 10-22% después de 7 años y un 25-35% tras 11 años de seguimiento de ancianos de ambos sexos.

El paso de los años hace el tejido muscular esquelético menos excitable y con mayores periodos refractarios, como consecuencia, se necesitará un mayor estímulo para provocar la contracción muscular y se requerirá un mayor periodo de recuperación hasta que el músculo sea sensible a otro estímulo. El tiempo de contracción aumenta linealmente con la edad, y el número de fibras musculares (tipo I y tipo II) se reducen, está pérdida es la principal explicación para justificar la reducción del área muscular relacionada con el envejecimiento. (10% menos de fibras musculares por década a partir de los 50 años) Podemos resumir las causas en:

  • Pérdida de fibras musculares.
  • Reducción del volumen de fibras musculares (sobre todo tipo II)
  • Descenso de la síntesis de proteínas de la miofibrilla

Las mujeres tienen aproximadamente el 56% de la fuerza que los hombres, y esta diferencia se observa en la masa corporal, en términos absolutos, la reducción de fuerza por la edad, es mayor en los hombres, pero en términos relativos las mujeres pierden más fuerza que los hombres, por ello se dice que el envejecimiento de las mujeres es más desventajoso comparado con el de los hombres, esto implica que tengan más riesgo de osteoporosis, o más problemas en sus actividades de la vida cotidiana, siendo más dependientes

Aún sigues pensando que el entrenamiento de fuerza no es para ti, o ya te estás tirando de los pelos al leer tanta información sobre la pérdida de masa muscular, hasta ahora no he dicho como prevenirlo, que será el tema del segundo artículo, pero a que a todos se os viene a la cabeza un tipo de entrenamiento. Caminar es bueno, pero cuando recomendará la medicina  realizar ejercicios de fuerza. HAY MÁS QUE EVIDENCIAS

BIBLIOGRAFÍA

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JACK H. WILMORE; DAVID L. COSTILL Fisiología del esfuerzo y del deporte (P. 557-560) 5ª EDICIÓN; Editorial Paidotribo ISBN 84-8019-749-8

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Mauricio. V. “Efectos y beneficios del entrenamiento de sobrecarga (fuerza) en población general y en  adultos mayores”. Revisión 2012 [Visto 17/03/2013 en Enlace]

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Héctor Tarrío

Director Buenaforma Estudio de entrenamiento personal. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Master en Gestión de Instalaciones deportivas (Universidad Politécnica de Valencia). Master en Alto Rendimiento Deportivo en Deportes Cíclicos (Universidad de Murcia) Entrenador Personal NSCA-CPT (National Stregth and Conditioning Association). Entrenador Superior de Natación (RFEN). Entrenador Superior de Triatlón (FETRI). Apasionado del entrenamiento personal, del rendimiento deportivo en deportes de resistencia y la prevención de lesiones.

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