NEAT, el ejercicio invisible

abril 03, 2020
Héctor Tarrío

A pesar de toda la investigación e innovación con respecto a las estrategias de tratamiento de la obesidad, esta sigue aumentando año tras año. Desde nuestro campo, el entrenamiento se asocia con numerosos beneficios para la salud y por supuesto ayuda a mejorar las pérdidas de peso. Pero si tenemos en cuenta que no todas las personas consiguen pérdidas de peso, aun realizando programas similares de ejercicio y alimentación, puede darnos a entender que no estamos consiguiendo cambiar sus hábitos, y la adherencia al entrenamiento es sumamente importante para conseguir cambios en el % graso de personas obesas. Parece que hay muchos datos que sugieren que el ejercicio controlado y supervisado, independiente de los cambios en la dieta, puede inducir una disminución significativa en el peso corporal. Lo que no está tan claro es cómo responden las personas obesas cuando se les pide que cumplan con una receta específica de ejercicio en casa.

Se había estimado que el 24% de los hombres estadounidenses y el 38% de las mujeres estadounidenses actualmente están tratando de perder peso, sin embargo, entre las muchas estrategias de pérdida de peso que se están llevando a cabo, solo un tercio de los encuestados informaron que comen menos calorías y hacen más ejercicio (Kruger , Galuska et al.2004)

En este caso me gustaría hablaros del NEAT (Non-exercise activity thermogenesis). El término “termogénesis de actividad sin ejercicio” fue acuñado por primera vez por Levine, Eberhardt et al. (1999) como el gasto de energía asociado con la inquietud, el mantenimiento de la postura y otras actividades físicas de la vida diaria. NEAT es la energía gastada en todo lo que hacemos que no es dormir, comer o hacer ejercicio voluntario. NEAT abarca desde el gasto de energía de tareas pequeñas, como la inquietud, hasta tareas más grandes, como realizar trabajos de jardinería o caminar al trabajo (Levine 2002). Las actividades NEAT no constituyen una gran proporción si las analizamos individualmente, sin embargo, el efecto acumulativo de las muchas actividades que entran en la categoría NEAT lo convierten en un contribuyente significativo para gasto calórico total diario. Los niveles de NEAT reportados (25-35 % del gasto total de energía) se vuelven cada vez más importantes para explicar la patogénesis de la obesidad (Ravussin 2005). Estos hallazgos sugieren que promover un mayor NEAT en lugar de un ejercicio estructurado puede ser una estrategia alternativa para aumentar la gasto total de energía. Dado que cada vez pasamos más tiempo en actividades sedentarias, el efecto acumulativo de incluso los movimientos más pequeños no se puede descartar en los intentos de explicar la patogénesis de la obesidad.

 neat portada

Levine, Lanningham-Foster et al (2005) evaluaron los patrones de movimiento de 10 individuos delgados y 10 obesos durante un período de diez días. Los hallazgos sugirieron que los participantes obesos estaban sentados durante 164 minutos más por día que los participantes delgados. Un interesante estudio de seguimiento implicó la pérdida de peso a 7 de los participantes obesos  (promedio 8 kg) y un aumento de peso a 9 de los participantes delgados (promedio 4kg) , justo después se evaluó la postura durante otros 10 días y los resultados mostraron que tanto los obesos que perdieron peso como los delgados que ganaron peso mantuvieron su asignación de postura original. Por lo tanto, se concluyó que las diferencias interindividuales en la asignación de la postura estaban, al menos parcialmente, determinadas biológicamente (Levine, Lanningham-Foster et al. 2005)

Las mujeres que tienen hijos y también trabajan fuera del hogar a menudo exhiben niveles más altos de gasto de energía no por la naturaleza de su ocupación, sino por el doble papel que desempeñan. Los datos sugieren que la carga laboral de las mujeres excede la de los cohabitantes masculinos en 2.9 horas por día (Levine, Weisell et al. 2001)

Los cambios que hemos sufrido con la industrialización y el cambio en el tipo de trabajo que desempeñamos ha modificado nuestro NEAT, ya sea porque ahora tenemos trabajos más sedentarios como por la menor oportunidad de acceder a espacios donde nos anime a ser más activos (las urbes están llenas de calles, aceras, coches, ruido que no propicia a aumentar nuestro NEAT). Una gran proporción de la población es actualmente sedentaria como resultado de la automatización y el atractivo de la televisión, los juegos electrónicos y las computadoras (Hill y Peters 1998). Actualmente contamos con numerosas comodidades que antes aumentaban nuestro NEAT cómo puede ser la lavadora, lavavajillas, conducir al trabajo o los ascensores. Debemos cambiar nuestros hábitos y buscar alternativas para mantener nuestro NEAT.

Cuando intentamos mantener la pérdida de peso que hemos conseguido, es poco probable que se mantenga si permanecemos tan sedentarios como la vida que observamos en un entorno urbano. Los datos de Canadá dicen que las personas son 2 veces más activas en el verano en comparación con los meses de invierno, lo que sugiere que existe una variación estacional en la actividad física y especialmente en el NEAT (Katzmarzyk, Craig et al. 2001).

Si comparamos el nivel educativo, se observa como las personas con niveles educativos más altos generalmente informan de 2 a 3 veces más actividad física en el tiempo libre, sin embargo, esto contrasta en los países donde los bajos ingresos y la pobreza es predictiva de niveles muy altos de NEAT. Es lógico que esto ocurra ya que aquí no se observan las comodidades que antes mencionábamos. (Levine, 2002)

Ahora que tenemos claro que el NEAT es importante vamos a ver qué ocurre cuando se prescribe solo o con restricciones dietéticas para promover la pérdida de peso. Existen informes contradictorios sobre la eficacia de agregar ejercicio a la restricción dietética, y aunque teóricamente el ejercicio reduce el peso corporal aumentando el gasto total de energía, se puede ver que existe una respuesta compensatoria en el NEAT de estas personas. Es obvio que el ejercicio es beneficioso, pero cuando el NEAT es estable ya que es muy variable y si cambiamos nuestro día a día podemos compensar por completo el gasto de energía adicional fruto del ejercicio físico (desde 138 a 687 kcal/día en varones jóvenes, o entre 187 y 1235 kcal/día). Debemos vigilar que esto no ocurra ya que puede generar frustración con los resultados del programa y que no consigamos la adherencia al entrenamiento o dieta.

Una reducción significativa en NEAT podría compensar por completo el gasto de energía adicional del nuevo programa de ejercicio

Ahora que tenemos una situación extraordinaria, y que hemos tenido que quedarnos en casa por el COVID-19, con las siguientes diapositivas me gustaría aportar alternativas para mantener nuestro NEAT elevado, incluso sin poder salir de casa:

BIBLIOGRAFÍA

Colley, Rachel Christine (2007) Quantifying the effect of exercise on total energy expenditure in obese women. PhD thesis, Queensland University of Technology. [Visto en: https://eprints.qut.edu.au/16533/ ]

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Héctor Tarrío

Director Buenaforma Estudio de entrenamiento personal. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Master en Gestión de Instalaciones deportivas (Universidad Politécnica de Valencia). Master en Alto Rendimiento Deportivo en Deportes Cíclicos (Universidad de Murcia) Entrenador Personal NSCA-CPT (National Stregth and Conditioning Association). Entrenador Superior de Natación (RFEN). Entrenador Superior de Triatlón (FETRI). Apasionado del entrenamiento personal, del rendimiento deportivo en deportes de resistencia y la prevención de lesiones.

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